
Destinos· 8 min de lectura·16 de octubre de 2024
Los barrios más exclusivos de Lima: Barranco, Miraflores y San Isidro
Tres barrios, tres temperamentos. Cómo elegir base en Lima según el viaje que se está armando.
Por Kada Travel Editorial
Caminar de Barranco a Miraflores por el malecón, una mañana fresca de mayo, es probablemente la mejor manera de leer Lima. Cinco kilómetros de acantilado sobre el Pacífico, surfistas abajo, parapentes arriba, casas de balcones republicanos a un costado, edificios de cristal al otro. La caminata, que toma una hora y media a paso pausado, atraviesa los tres barrios que importan al visitante de lujo: Barranco al sur, Miraflores en el centro, San Isidro al norte. Cada uno es una versión distinta de la misma ciudad.
Esta guía no es un ranking. Es un mapa de temperamentos. La pregunta no es cuál es el mejor barrio sino cuál corresponde al viajero, al momento del viaje, al tipo de noche que se está buscando.
Barranco: el barrio del arte
Barranco fue, durante el siglo XIX, el balneario de fin de semana de los aristócratas limeños. Las familias bajaban en tren desde el centro, alquilaban casonas con balcones de madera y jardines hacia la quebrada, y se quedaban hasta el final del verano. La quebrada todavía existe —el Puente de los Suspiros la cruza— y muchas de las casonas también. La diferencia es que ahora son galerías, hoteles, restaurantes y estudios de artistas.
El barrio es pequeño: su casco histórico cabe en poco más de un kilómetro cuadrado, organizado alrededor del parque municipal, la Bajada de los Baños y la Avenida Sáenz Peña. Caminable entero en una tarde. Dentro de ese cuadrado están el MATE, el MAC (Museo de Arte Contemporáneo), Lucía de la Puente Galería —la más establecida del país—, Wu Galería —arte joven— y la calle Domeyer, donde se concentran los estudios.
El Hotel B es la base habitual. Una mansión de 1914 reconvertida en torno a una colección de arte colgada en los pasillos: apenas una veintena de habitaciones, piscina en el techo, biblioteca con curaduría propia. El servicio es íntimo —el desayuno se sirve en el patio, sin menú, según pregunten—. Es un hotel para quien quiere desaparecer del mundo durante tres noches y tener arte en lugar de televisión.
Comer en Barranco, además del Central, incluye Cala (cocina costeña en la antigua estación de tranvía con vista al malecón), Isolina (cocina criolla familiar al estilo de las picanterías de los cuarenta), y La 73 (cocina peruana contemporánea, asequible, vibrante). Las noches son tranquilas hasta las once; después, los bares de Sáenz Peña —Ayahuasca, Victoria Bar, Barra 55— se llenan de un público local de treinta a cuarenta años.
Miraflores: la ciudad cosmopolita
Miraflores es lo que el visitante extranjero suele asociar con Lima. Es el barrio más internacional, el que tiene más hoteles, el que conecta el Pacífico con la avenida Larco como una columna vertebral. La densidad es mayor que en Barranco —edificios de quince a veinte pisos, restaurantes en cada cuadra, tráfico considerable— pero también la oferta.
El parque Kennedy, en el corazón del barrio, es la plaza mayor en versión limeña: gatos del parque, vendedores de libros usados, anticucheros de noche. Alrededor, las boutiques de diseñadores peruanos: Meche Correa para alpaca de alta gama; Sumy Kujon, joyería contemporánea con piedras peruanas; Mozh Mozh, textil contemporáneo; Las Pallas, una de las primeras tiendas de arte popular del país.
Miraflores concentra los grandes hoteles internacionales de Lima. El Belmond Miraflores Park, sobre el malecón, es el más considerado: piscina al borde del acantilado, vista panorámica al Pacífico, poco más de ochenta suites. JW Marriott, también sobre el malecón, ofrece la versión Marriott estandarizada. El Hilton Lima Miraflores está en la zona alta, sin vista al mar pero a tres minutos de Larcomar.
Las mesas que importan en Miraflores son Maido, Mayta, Astrid y Gastón —en realidad en San Isidro pero a cinco minutos en auto—, y La Mar para ceviche de mediodía. Para una cena alternativa al ranking, recomendamos La Picantería, donde la cocina norteña se sirve sin pretensiones.
San Isidro: el poder, en silencio
San Isidro es donde duerme el dinero limeño. Es el barrio de los bancos, las embajadas, las residencias presidenciales, las casas con jardín de cuatro mil metros cuadrados que aún sobreviven escondidas detrás de muros altos. La calma del barrio —menor tráfico, más arbolado, ritmo institucional— es el principal valor.
El Olivar, el olivar sembrado en el siglo XVI, es el corazón. Una caminata por sus senderos al amanecer, antes de las siete, es uno de los rituales que recomendamos a nuestros huéspedes: unos mil quinientos olivos, ardillas, pajareros con prismáticos, un silencio que en una ciudad de diez millones de habitantes parece imposible.
El hotel insignia es el Country Club Lima Hotel. Construido en 1927 al estilo neocolonial republicano, conserva la biblioteca original con primeras ediciones, el bar histórico —una de las mejores casas de la ciudad para un pisco sour— y un servicio que se hereda de generación en generación. La habitación es secundaria: lo importante son los espacios comunes. El Westin Lima, en una torre de vidrio de treinta pisos, ofrece el contrapunto: vistas panorámicas, piscina semiolímpica, y el Maras como una de las mejores reservas de cena de la ciudad.
Para comer en San Isidro: Astrid y Gastón en la Casa Hacienda Moreyra; La Rosa Náutica, técnicamente en Miraflores pero al borde del mar; y Maras en el Westin para la cena con vista. Los almuerzos del barrio se hacen en las cebicherías de la zona o en El Mercado.
Cómo elegir base
Para el primer viaje a Lima, recomendamos Miraflores. Es la base con más conexiones, más opciones de comer cerca, más densidad de servicios. Para el segundo viaje o para quien busca atmósfera sobre eficiencia, Barranco. San Isidro es la elección para el viajero institucional o para quien combina Lima con un viaje de negocios y necesita el ritmo del barrio financiero.
Los tres barrios están a quince minutos en auto unos de otros fuera de hora pico. Hospedarse en uno no significa renunciar a los otros. La mayoría de nuestros huéspedes pasa los desayunos y las mañanas en su barrio base, y se mueve a los otros para las cenas y las visitas culturales.
Escrito por Kada Travel Editorial
Preguntas Frecuentes
Los tres son seguros dentro de las zonas turísticas habituales. San Isidro es el más institucional. Miraflores tiene mayor presencia policial visible. Barranco es más residencial. La precaución estándar de cualquier ciudad grande es suficiente.
Un Uber entre Barranco y Miraflores cuesta entre 8 y 15 soles; entre Miraflores y San Isidro, entre 10 y 18 soles. Los hoteles ofrecen traslados privados a tarifa fija. Para la noche, recomendamos Uber por simplicidad.
Sí, especialmente al final de la tarde. Cinco kilómetros de acantilado, parapentes en el aire, vista al Pacífico, parques cada quinientos metros. Recomendamos caminarlo de norte a sur (Larcomar hacia Barranco) para llegar a Barranco a la hora del aperitivo.
No relevante. Los tres están entre 50 y 150 metros sobre el nivel del mar. Lima en general es una ciudad costera; el soroche no es un problema aquí. Lo será al subir a Cusco al cuarto día.
Sí, por el malecón. Cinco kilómetros, una hora y media a paso pausado. Es la caminata que más recomendamos a nuestros huéspedes el primer día. El final, en el parque del Faro de la Marina o en Larcomar, da continuidad natural a la cena.
Miraflores, por el Belmond Miraflores Park, la casa más cara de la ciudad. El Hotel B en Barranco y el Country Club en San Isidro quedan justo detrás, a la par. Escríbanos con sus fechas y le damos las condiciones exactas de las tres por escrito.
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